Popularmente se conoce al complejo de Edipo como el “cuentito” según el cual el niño se enamora de la madre y es el padre el que impide esa relación de amor, por lo que el padre se vuelve odioso para el niño en cuestión.

Pero bien, Edipo es una tragedia griega clásica a partir de la cual Sigmund Freud extrae los elementos necesarios para plantear su teoría particular sobre la sexualidad infantil.

Esa teoría sexual infantil, tan controvertida en su tiempo, a la que conocemos como Complejo de Edipo, Lacan luego la relee NO como una cuestión que se de en una evolución en la construcción de la sexualidad, sino que la plantea en términos lógicos.

Es decir que Lacan hablará de tres tiempos lógicos del Edipo.

Lo nodal será para Lacan, en lo que atañe a este Complejo, la cuestión de Privación que se plantea en el mismo.

La Privación que hace el padre de la madre. Algo con lo que el niño deberá tenérselas que ver; algo que el niño, en su momento, deberá rechazar o asumir: que la madre desea otra cosa más allá de él. Y esto es así en tanto hay un padre que priva a ese niño del objeto materno.

Es importante tener en cuenta que lo que el padre castra, en todo caso, no es al sujeto-niño, sino a la madre.

Por esa acción privatoria del padre hacia la madre (nodal en este Complejo) el niño deberá asumir que esa madre no está completa, porque desea algo más allá de él (justamente si desea es porque algo le falta, es decir, está incompleta)

Esto se plantea en términos de ser o no ser el falo de la madre. De “ser el bebé de mamá”. Y esto supone que el sujeto tiene que elegir. Plantea una elección. Primer Tiempo lógico del Edipo.

El Segundo Tiempo lógico tiene que ver con otro planteo que es el de tener o no tener el falo. Y aquí tenemos, como bisagra entre primer y segundo momento lógico, lo que conocemos con Freud como Complejo de Castración.

Lacan abordará tal Complejo como un nudo.

De este punto nodal sabemos que depende que el niño se convierta en hombre, y la niña en mujer. En ambos, la solución está en el Complejo de Castración.

Y es lógica la cuestión, porque para estar castrado (no tenerlo) primero, lógicamente se debe tenerlo, asumir tenerlo. Un paso que hay que atravesar, en el cual será el padre el que deberá intervenir de manera eficaz, y realmente. Un padre que si interviene realmente es porque en un primer momento la madre lo habilitó al menos como símbolo.

Ahora bien, ese símbolo (ese padre simbólico) tendrá que portarlo alguien real.

Entonces, en este segundo tiempo lógico del Edipo, si decimos que el padre aparece como una “figura todopoderosa” es porque es aquel que tiene el “poder” de privar a la madre de esa relación “ilimitada” con el niño.



Del Tercer Tiempo Lógico diremos que tiene la misma importancia que el lógicamente anterior, en tanto de él depende la salida del Complejo de Edipo.

Aquí, el Padre es el que “lo tiene”, tiene el falo, lo porta. En este tiempo tercero del Complejo, se produce un giro. El Padre, es el que al tenerlo, se convierte en “potente”; un padre que se caracteriza por su “potencia genital”, real. Es el que puede o no dárselo a la madre.

Asimismo, es en estos tres tiempos que se produce la Identificación con el padre.

Aquí tenemos la “famosa” salida del Complejo de Edipo.

Esta salida será “favorable” en tanto la identificación al padre se de en el momento en que éste aparece como portador, como teniendo el falo. Lo que llamamos identificación al Ideal del Yo.


Esto no significa que el niño identificado al padre, teniéndo el falo digamos, va a empezar a tener una vida sexual activa, por decirlo de alguna manera. Sino que esta identificación es lo que le dará al niño sus “títulos”, que podrá ejercerlos en algún momento.

El niño tendrá así, por identificación, y en esta configuración lógica, los títulos para ser un hombre.

Pero, para la mujer será diferente. La mujer no se enfrenta con esta identificación, ni tiene que conservar ese título para un futuro, como ocurre en el varoncito.

Sino que ella sabe muy bien dónde está eso, y va a por ello, a buscarlo al único lugar que tiene más “a mano”: al padre. Se dirige a quien ella sabe muy bien que “lo tiene”.

Lacan deja esto en el tintero, la cuestión de la feminidad, algo que retomará más adelante. Pero al menos deja claro que las mujeres verdaderas tienen siempre algo de extravío.